El inicio mágico; donde el aprendizaje abraza y la ignorancia no alcanza.
El tiempo corría, los días
pasaban lentos y rápidos, como fugaces sentimientos que llenan de color mi
vida, sabía que algo genial llegaría y con ello, la emoción, pasión por el saber
y todo eso más que en ese lugar yo sabía que iba a encontrar; amistad,
conocimiento, buenos momentos, y donde puedo potenciar mis habilidades y
adquirir tanta sabiduría.
Estaba feliz, solo por el
hecho de regresar a aquel lugar en el que tan cómodo me siento, con la
agradable compañía de personas que valoro, mejorando académicamente, así como
ser.
No sabía lo que vendría, pero
con grandes expectativas yo iba, tantos sueños, pensamientos e ideas que se
cumplieron y se cumplirán, ya he empezado el nuevo año escolar, donde tendré
tantas oportunidades para ser mejor, ayudar, apoyar y lograr eso que me
propongo con tanto esmero y alegría.
Llego el momento, ya no había
vuelta atrás, afortunadamente, esos deseos por fin se hicieron realidad, y no
me arrepiento ni lo más mínimo en haber ido a aquel lugar, en arriesgarme y
lanzarme a una aventura que me ha traído hasta este punto, y que me llevará
mucho más lejos de lo que incluso con mi imaginación alcanzo a soñar, porque
era tan solo la primera semana, una de las más emociones, ya que está llena de
sorpresas, novedades y cambios que conllevan nuevos retos, aprendizajes y
valiosas experiencias. Nuevos estudiantes y miembros de la comunidad educativa,
junto a todo eso que cada ser nos puede enseñar, con la magia que cada quien
lleva en su interior, ese potencial de hacernos conocer una nueva realidad y
todo lo que podemos aprender gracias a eso.
Compartir con personas
totalmente diferentes, ver su energía, su vitalidad y todo el potencial que
tienen para brindar, fue algo gratificante. Compartir con seres diferentes a
aquellos a quienes acostumbro, es muy enriquecedor, así como apoyarlos,
motivarlos, enseñarles sobre la institución y todo lo que pueden lograr en
ella, eso me gusto un montón, ya que aprendíamos todos de cada uno de nosotros.
Porque es Loyola, una
institución muy particular, con personas tan increíbles y que en momentos como
los vivido en una semana institucional, me hacen dar cuenta de todo el
potencial y valor que en un lugar tan pequeño puedo encontrar, lo que me llena
de felicidad y motivación para dar lo mejor de mí, y tomar lo mejor que todos
tienen para ofrecerme, porque me involucre en un espacio donde crecemos juntos,
y gracias a todos esos “yo” logramos un mejor “nosotros”.
Me llevé aprendizajes muy
profundos, valiosos e incluso hermosos, di lo mejor de mí. Por fin siento que
hice algo bien, ya que, en tan poco tiempo, vi frutos de mi esfuerzo, así como
de todas las personas que hacen que lo experimentado sea posible, puesto que
entendí que, juntos somos más fuertes, poderosos y mejores, y ese aprendizaje
de una sola semana, me lo llevaré para toda la vida, así que espero que mis
compañeros también lo hagan, además de que este haya sido así de grande y
valioso como lo ha sido para mí.
Como dijo un nuevo amigo: El
estudiante Loyolista sabe que no es el mejor, pero sabe que puede serlo, aunque
siempre se puede mejorar.
Camilo Soto.
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