Cuando lo conocí
*Patrick* Aunque las miradas se cruzaron bajo esos oscuros lentes, las sonrisas se hicieron presente indicando que era momento de acercarse. La cordialidad fue el inicio de toda una historia que nunca terminaría. Sus ojos se posaron sobre mí y la conversación empezó. ¿Eres de Medellín? Con su sexy acento preguntó. Sí lo soy, respondí, con un entusiasmo que podría desbordar los mares. El encantador gringo prosiguió, preguntando sobre mí, que tan lejos vivo, qué si ya conocía este lugar. Mientras eso sucedía, sentí como si todo a mí alrededor se hubiera detenido, no me di cuenta cuando las escaleras terminaron ni que sería momento de despedirme. Pero sucedió, supe que debía continuar y abandonar a aquel apuesto extranjero de hermosa sonrisa. La tarde siguió misteriosa y radiante, el sol se posaba con esplendor en medio de las oscuras nubes que se aproximaban. Pensar en gringos es parte de mí, la idea de tales majestuosas representaciones humanas de la belleza me deslumbra y por...