Cuando lo conocí
*Patrick*
Aunque las
miradas se cruzaron bajo esos oscuros lentes, las sonrisas se hicieron presente
indicando que era momento de acercarse. La cordialidad fue el inicio de toda
una historia que nunca terminaría. Sus ojos se posaron sobre mí y la conversación
empezó. ¿Eres de Medellín? Con su sexy acento preguntó. Sí lo soy, respondí,
con un entusiasmo que podría desbordar los mares. El encantador gringo prosiguió,
preguntando sobre mí, que tan lejos vivo, qué si ya conocía este lugar. Mientras
eso sucedía, sentí como si todo a mí alrededor se hubiera detenido, no me di cuenta
cuando las escaleras terminaron ni que sería momento de despedirme. Pero
sucedió, supe que debía continuar y abandonar a aquel apuesto extranjero de
hermosa sonrisa.
La tarde
siguió misteriosa y radiante, el sol se posaba con esplendor en medio de las
oscuras nubes que se aproximaban. Pensar en gringos es parte de mí, la idea de tales
majestuosas representaciones humanas de la belleza me deslumbra y por ello, me
es difícil no soñar despierto con ellos. Verlos pasar tan cerca de mí me hacía
sentir todo un afortunado, como si estuviera caminando por los corredores del
paraíso. Y fue entonces que regresaba hacía abajo, una escalera tras otra,
cuando veo frente de mí con tranquilo y sereno semblante a aquel corpulento
cuerpo de Patrick. Me acerco y lo saludo, le doy un suave abrazo y siento su
olor a gringo que me pone los vellos de punta. Comenzamos a hablar y nos
conocemos un poco más, viene de tierras lejanas, de donde suelen venir tan increíbles
representaciones humanas. Y aunque yo estoy deseoso de volverlo a ver, me
resigno a tener que perderlo, sin embargo, como si hubiera pedido un deseo, aquel
alto gringo me pide el Instagram. Quedamos en contacto, y nos despedimos con un
abrazo, en el que siento su corazón con el mío, su mano en mi espalda y de
nuevo ese olor, dios, quisiera hacer un perfume con su esencia.
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