Pinches gringos
“Pinchos gringos” gritaba la chica enamorada, todos la observaban y pensaban: ¿Cómo aquella insulsa de la plebe, se atreve a llamar así a nuestros dioses? Mientas, los demás la apedreaban.
Eran épocas florares y la ciudad festejaba con interminable música, danza, pintura, escultura y demás artes que a aquellos caballerescos hombres les resultara agradable, todo esto con el propósito de vivir experiencias inigualables a otras y de atraer a aquellas legendarias figuras de luz y esperanza. El pueblo estaba feliz, pues contaban con la presencia de mujeres y hombres venustos de tez blanca, brillante cabello y unos ojos profundos y enigmáticos como el mar. Mientras, todos se congregan en las afortunadas tierras a donde se dirigían los gringos; provenientes de tierras opulentas del norte, poseedores de la máxima gloria humana y de unos dotes que desquician a hasta el más cuerdo.
El pueblo finalmente sabía que allí se encontraban, pues el sol era más radiante que nunca, evaporando cada nube para así poder adorarlos mejor, y es que, incluso bajo la penumbra de la luna, aquellos seres pertenecientes a una divinidad brillan y resaltan, superando el raciocinio humano. Los eventos estaban a punto de empezar y ellos se aproximaban, mientras el olor delataba su proximidad, pues era una exquisita mezcla de sudor de dioses griegos.
Ya en el momento preciso, la máxima inspiración de la nación procedió a declarar su agradecimiento, pues a pesar de su grandeza, poseen la virtud de un corazón puro. Así fue como aquella voz de gringo estremeció a todos los presentes con su perfección, extravagancia y exclusividad, ya que es un acento que dilata las expresiones humanas y aflora los sentimientos más profundos del alma. En ese entonces ya no había nada más que los insignificantes humanos pudieran desear o incluso soñar, pues cada necesidad estaba pulidamente satisfecha con los gringos, pues ellos son el inicio y el fin, el sentido y el todo de vivir, cuando de repente, uno de los presentes arremete en un fortuito acto de iluminación; un alto joven esculpido por dioses, procedió a quitarse la camiseta que cubría la obra maestra más esplendida del universo, y desde entonces se dice que el pueblo enloqueció y boquiabierto murió.
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