Un poco de nuestra historia
Era de madrugada y desperté. Como de costumbre, me levanté temprano un día de esos en los que desearía seguir descansando y soñando. Solo y mirando al techo, decidí buscar qué hacer, ya estaba cansado de la apacible y bonita compañía de la soledad, era momento de buscar algo más. Por eso comencé a analizar mis posibilidades, explorando lo conocido y lo nuevo, lo posible y lo soñado. Así, siguiendo el camino desconocido y esperando llegar al soñado, comencé a cruzar un bosque, lleno de confianza y de emoción, entrando a lo oscuro y sublime que tiene la incertidumbre, cargando conmigo esa pregunta irresuelta sobre a dónde iría a parar. Pero el camino comenzó a cambiar, ya no era oscuro, ahora brillaba en colores cálidos y en compañía. Brillaba tanto que lo podía ver desde muy lejos y saber que por ahí es donde querría siempre cruzar. Comenzó a adquirir unos colores tan fascinantes que perderme en ellos era lo mejor que podía hacer. ¿Fue una coincidencia? ¿Fue un regalo? La vida siempre tiene sus formas de sorprenderme, pero, sin duda, esta vez se lució.
Y todo siguió su rumbo y como si estuviera escrito, la rutina siguió. Esta vez me llevaba muchas preguntas, y es que querer saber más es natural, y para mí, preguntar enriquece muchísimo la vida. Tanto cuestiones que yo mismo tendría que resolver, como otras para las que tendría que aventurarme nuevamente. Y fue así, como sin esperar ni mucho menos planear, dije sí, respuesta que me llevó a descubrir lo que se siente estar en medio del sol.
Pero ¿qué sol podría llenarme tanto como ese? Si exagerara un poco más, diría que en ese momento supe lo que es estar vivo, pero eso sería ignorar que lo que me permitió sentirme tan bien, son las veces en las que no lo he estado. Por eso agradezco, por lo bonito que fue, y con eso me fui a la cama aquel día, agradeciendo por las formas mágicas como la vida me ha mostrado todo el potencial que tiene para mí.
Y así, dejo la historia abierta, porque apenas se empieza a construir, porque ahora sus nombres resuenan en mi corazón, porque hemos compartido y he crecido un poco gracias a eso. Porque puedo decir que continuará, y que sus palabras me acompañarán.
Y así, tengo nuevas razones por las cuales escribir,
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