Mago de Oz
En la noche mientras dudaba de mis decisiones,
cuando todo pesaba más que mi voz,
sentí que el camino se abría infinito,
como baldosas doradas, pero sin esmeraldas.
No tenía un mago que diera respuestas,
ni un mapa que indicar hacia donde ir,
solo dudas hablando en mi cabeza
y un miedo que no sabía fingir.
Entonces pensé en aquel león cobarde,
temblando, pero sin retroceder,
y entendí que el valor no es no caerse,
sino avanzar con miedo en la piel.
No hubo brillo, ni música, ni magia,
solo un paso pequeño… después otro más,
y al final descubrí, casi en silencio,
que ya era quien alguna vez soñé.
Comentarios
Publicar un comentario